El Poder de la Cruz


Para estos tiempos, donde la tecnología avanza vertiginosamente y comunica en cuestión de segundos al mundo entre sí, es muy probable que casi el planeta entero conozca de un gran suceso que marcó la historia radicalmente. Suceso que aun marca la historia de cada individuo que entiende el verdadero significado de este evento: la muerte y resurrección de Jesús, el hijo de Dios. Tanto así que el tiempo se establece antes y después de Cristo.

Esto no fue un cuento más, una parábola más, un milagro más; esto va mucho más allá de lo que la mente humana pueda pensar.

Muchos lo recuerdan en la famosa “Semana Santa”, ya que la historia redacta que para estas fechas es que aconteció la crucifixión de Cristo y por “respeto” y costumbre asisten a las iglesias, como si esto fuese algo para conmemorarse y luego seguir la rutina de la vida, así como cualquier día de algún célebre de la historia. Otros ni lo toman en cuenta.

Si muchos supieran, conocieran y más que todo, pudieran experimentar el poder de la cruz, entenderían que este acto salvífico de Jesús para la humanidad fue el más grande gesto de amor revelado en la historia. Pero esto sólo lo pueden comprender aquellos que han decidido seguir al dador de la vida mediante su muerte y muerte de cruz como lo establece la palabra.
Escribir sobre esto, surgió luego de haber leído un pasaje bíblico escrito por Pablo en su primera carta a los Corintios, que me confrontó y me recordó lo que significa para aquel que cree en el hijo de Dios su muerte en la cruz.

“El mensaje de la cruz parece una tontería para aquellos que están perdidos; pero para los que
estamos siendo salvados es el poder de Dios.” (1 Corintios 1:18)

Precisamente eso es lo que significa la cruz de Jesucristo, el poder de Dios. Poder que venció la muerte, y hoy nos da vida, vida que dura una eternidad. ¿Cómo es posible que haya gente que vea esto como una falacia, como una tontería que puede haberse inventado cualquier escritor con una gran imaginación? Esto es real. Lo vemos todos los días. Tan real como que ahora estas vivo y puedes leer esto. Tan real como respirar. Pero más que real es poderoso. ¿Por qué si solo fue un cuento o historieta, trasciende hasta el día de hoy con tanta fuerza?

Muchos han querido tergiversar el verdadero sentido de lo que Cristo hizo por la humanidad, pero esto no ha sido suficiente, porque el poder de la cruz es mucho más fuerte que cualquier invento del hombre en contra del sacrificio del cordero perfecto, Jesús.

Hay un punto que me fascina de todo esto. Todo aquel que tiene un encuentro genuino con el autor de la salvación, quién murió en la cruz pero resucitó al tercer día demostrando que su poder sobrepasa cualquier fuerza contraria, vive la más grande experiencia de resurrección. Claro, no me refiero a algo físico, aunque también este proceso transformador en la vida del hombre se refleja en el exterior, pero es una resurrección del espíritu. En la segunda carta a Corintios, específicamente en el capítulo 15 Pablo dice:

“Ya que todos nosotros les anunciamos que Cristo fue resucitado de la muerte, ¿cómo es posible, entonces, que algunos de ustedes digan que no hay resurrección? Si no hay resurrección, entonces Cristo tampoco ha sido resucitado. Si Cristo no ha resucitado, entonces nuestro mensaje no tiene caso no su fe tampoco.”

Aunque esto se refiere a la resurrección de los muertos cuando sea la venida de Jesucristo, también lo podemos aplicar a este contexto, ya que es un tipo de resurrección que todos los que hemos creído en el poder de la cruz experimentamos una vez que pasamos de muerte a vida, de pecado a santidad, de las tinieblas a la luz. Una vez que hemos resucitado y somos parte de los que viven por gracia, gracias a la sangre derramada a favor de todos para poder alcanzar la salvación, tenemos que pregonar el mensaje de la cruz hasta lo último de la tierra.

“Demos gracias a Dios, quien por medio de Cristo nos lleva siempre en su desfile triunfal. A través de nosotros, esparce por todas partes el conocimiento acerca de él, como si fuera una suave fragancia. Nosotros somos el incienso de suave fragancia que es ofrecido a Dios por medio de Cristo. Esa fragancia se esparce entre los que se salvan y entre los que van por el camino de la destrucción. Para los que van hacia la destrucción, somos el olor de muerte que lleva a la muerte. Para los que se salvan, somos el olor de vida que lleva a la vida.” (2da Corintios 2:14-16)

Luego de esto hay una pregunta al final en el último verso de esta porción que dice: ¿Y quién está calificado para llevar a cabo el trabajo de esparcir el conocimiento de Dios? Sencillo, aquellos que se encontraron con Jesús en un momento dado y decidieron creer que éste es el hijo de Dios, por tanto experimentaron el poder de la cruz.

FUENTE:Miredys Valcárcel